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Mi paso por la Alianza Cristiana y Misionera: reflexiones para mejorar una institución a la que ya no pertenezco

Publicado: 2022-05-11

Escribo este breve testimonio personal con el fin de llamar la atención sobre ciertas prácticas que considero las iglesias deben corregir con urgencia. Aunque sé que muchos se incomodarán por el carácter público del testimonio y lo interpretaran como el "ataque de un resentido", mi conciencia sabe que esta es la única forma de si quiera generar algún grado de conciencia sobre una concepción de la iglesia y del liderazgo que hace sufrir a muchísimas personas. Cuando problemas como estos no se abordan ni se asumen con seriedad y urgencia, la publicidad de una cuestión puede ser, aunque incómoda, un poderoso aliciente para cambiar las cosas. Lo expuesto no merma en nada el agradecimiento, respeto, confianza y el cariño que tengo hacia muchas personas que congregan en la Alianza Cristiana y Misionera. 

Transparencia y tolerancia

Empecé a asistir a la Alianza Cristiana y Misionera por invitación de un amigo. Poco después, me hice formalmente miembro de esa iglesia. En las dos comunidades en las que fui miembro de esa denominación (Pueblo Libre y Monterrico) me esforcé intencionalmente por expresar claramente mis creencias y los posibles puntos de discrepancia desde un inicio. Aun así fui aceptado y con mucho entusiasmo. ¿Cuáles eran esos puntos de discrepancia?: no creía en el diezmo y la interpretación de la Biblia que tenía no seguía estándares literalistas ni inerrantistas, pues creía en la exégesis moderna de la Biblia. El pastor que me entrevistó en Pueblo Libre dijo que no había problema con ello (aunque después, cuando fuese rechazado por creer en "falsas doctrinas" acerca de la Biblia, se me dijera que ese pastor me aceptó pensando que en el futuro se esperaba que yo cambiase). 

Posteriormente, el pastor que me entrevistó en Monterrico también me dijo que no había problema, pero me dijo que debía ser cauteloso. Aunque siempre fui modesto en expresar mis opiniones doctrinales, siempre me sentí en la libertad de expresar lo que yo creía sin miedo alguno, sabiendo que igual era aceptado. Mis opiniones menos reservadas no fueron de orden religioso, sino político, opiniones a título personal y que compartí ocasionalmente por redes sociales. La iglesia nunca me pidió mi opinión en esos temas, nunca me dijo que estaban prohibidos, que tenía posturas institucionales claras al respecto y, a la verdad, ni a mí me interesaba que la Iglesia pensara como yo (siempre supe que la iglesia era conservadora, pero para mí la iglesia de Cristo es una iglesia para todos, no solo para conservadores). Finalmente, mi salida de Monterrico se debió a que me negué a asistir a la marcha de Con Mis Hijos no te metas, a que trabajara en una ONG cristiana de derechos humanos reputada como "liberal" y a que expresara opiniones políticas contrarias a las posturas de los líderes (mi única discrepancia abierta con la iglesia fue relacionada con el enfoque de género) siendo yo un líder de la misma.

¿Hizo bien la iglesia en vetarme por esos motivos? Pienso que no, por una importante inconsistencia: si me aceptaron sabiendo que pensaba distinto en ciertos puntos, no tendrían que haberme retirado del liderazgo por esos mismos puntos. El error institucional que la iglesia cometió conmigo (y que debe corregir para evitar futuras injusticias) es que no fue clara en decirme qué doctrinas o posturas resultaban esenciales para ella (de haberlo sabido, nunca me hubiera interesado pertenecer a una iglesia con la que había de discrepar en temas esenciales). La iglesia no fue precisa en presentarse como abierta a tolerarme cuando en el fondo no tenía la capacidad para hacerlo. Más aún, el error también fue uno legal: no se puede limitar el derecho de ningún miembro por formas de pensar que no contradigan las creencias esenciales plasmadas en el estatuto de la institución. Ni la inerrancia ni el rechazo al enfoque de género son doctrinas que aparecen en los estatutos de la Alianza Cristiana Misionera.

El verdadero pecado era no pensar como ellos

¿Fui alguna vez citado para exponer mis maneras de pensar? Nunca. Los únicos intercambios que tuve con el pastor al que le debía cuentas siempre fueron para expresar con libertad lo que pensaba y a que fuera "cauteloso". En general, la respuesta de la iglesia no fue la del diálogo o la de interesarse por las razones por la cuales arribaba a las posturas que tenía, sino la de asegurarse que respetara el status quo. ¡Ah, pero eso sí, revisaban mi facebook al milímetro! Pesó en algo mi buen testimonio, el amor y el tiempo que invertí en servir a mis hermanos de la iglesia? No. Lo único que pesó fue que no pensaba como los líderes. Algo que noté era que lo que más les molestaba no era que "pensara raro" en ciertos puntos (siempre respetuosamente, por cierto), sino que no estuviera dispuestos a obedecerlos en todo. La gran molestia expresada en la ultima iglesia a la que asistí fue la de no ir a la marcha de CMHNTM. Para ciertas autoridades era inconcebible que un líder, por motivos de conciencia, no tenga que ir a una marcha obligado por su pastor. Mi pecado fue el no privilegiar la obediencia por encima de mi discernimiento y fidelidad a mis principios.

Machismo

Cuando fui retirado del liderazgo juvenil en ambas instituciones mi esposa fue inmediatamente sancionada. Ella era también una líder juvenil y dirigía un ministerio de servicio social. Fue retirada de esos espacios por el simple hecho de que yo fuí sancionado. ¿La razón? Se asumía que ella pensaba como yo y, por tanto, era también una amenaza para el orden eclesial. Cuando ella dijo que ella no pensaba como yo la respuesta fue: "Aquí no pensamos así". ¡Ellos asumían que mi pareja era, en lugar de un ser autónomo, un mero anexo de mi propio ser! Tal grado de machismo debe ser corregido urgentemente si la iglesia se precia de honrar la dignidad de las hijas de Dios. Lo mismo debe decirse de su sistema de sanciones y vetos, el cual es usual que funcione de una manera en la práctica, pero sin regulación o consistencia alguna con los estatutos de la iglesia.

Para ellos unidad era lo mismo que uniformidad

Enterarme de que mis posturas en favor del enfoque de género eran una razón del veto hacia mi persona hizo que increpara a la autoridad: "Puedo entender que una persona sea vetada por no compartir creencias esenciales de la fe cristiana como la trinidad, la resurrección o la inspiración de la Biblia, ¡pero el enfoque de género no es una doctrina esencial!". La respuesta que obtuve fue la siguiente: "Bueno, ahora sí es esencial". Semejante respuesta solo me indicaba que la unidad de la iglesia para esta comunidad no estaba ni en el amor ni en el credo cristiano, sino en la estructura del poder eclesial. Pero la unidad cristiana puede ser concebida de otras formas: dentro del respeto a creencias esenciales puede convivir la discrepancia. ¡Ay de los que confunden la iglesia con el ejército!

Miedo, persecución y corrupción de la juventud

Reconocer la discrepancia a todo nivel, sobre la base de un piso común de doctrinas esenciales, asegura la libertad de sus miembros y ayuda al liderazgo de la iglesia a exorcizarse de esa obsesión por el control que ha alejado a tantas personas de la iglesia e, incluso, de la fe. Se me acusó de muchas cosas: de corromper a la juventud, de confundir a otros, pero nunca me hicieron saber de alguien trastornado por mis palabras, sino todo lo contrario. Mientras el verdadero miedo sea a la pérdida de poder y control sobre la feligresía o el miedo a discrepar con el de arriba, la iglesia nunca podrá crecer y reflejar el amor de Dios con el que Cristo prometió bendecirla a ella y a la sociedad. Está en manos de la nueva generación de pastores y líderes el curar los errores de los viejos liderazgos para hacer de la comunidad de fe un verdadero espacio de libertad y no de opresión.


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El Eremita

Blog sobre religión, para una reforma de lo religioso en contextos plurales y secularizados