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Comprendiendo los enfoques no binarios sobre el género

Publicado: 2025-03-19

Abandonar el término “ideología de género” no es difícil cuando comprendemos adecuadamente los enfoques sobre género. Hay dos enfoques, uno tradicional, el binario, y otro no binario (o queer).

El enfoque binario es el clásico: hay que distinguir la biología (el sexo) de la cultura (el género). Así, biológicamente, hay dos sexos, hombre y mujer, sobre los cuales se adicionan elementos sociales y culturales (lo masculino y lo femenino). La identidad, desde esta perspectiva, se compone y construye sobre la base de la biología y la cultura. Esta es la definición que aparecía en el currículo escolar peruano allá en el 2016 que tanta controversia causó. Irónicamente, estoy seguro de que cualquier cristiano conservador estaría completamente de acuerdo con ella. Parece demás decirlo: la diferencia entre sexo y género tiene una utilidad evidente, ya que la cultura puede traer consigo estereotipos o prejuicios que limitan el potencial o dañan a las personas. “Los hombres no lloran”, por ejemplo, es un estereotipo de género: biológicamente los hombres lloran, pero es la cultura la que enseña que deben reprimir sus emociones.

A fines de siglo apareció el enfoque no binario sobre el género. Este ha sido el enfoque más mal interpretado y el que ha hecho que muchos políticos y personas conservadoras tengan aversión al término “género” al punto de rechazar, incluso, el enfoque binario, pese a que razonablemente podrían estar de acuerdo con él. Para comprenderlo sugiero hacerlo en tres pasos: 1) conociendo sus objetivos, 2) su base científica y 3) su base hermenéutica.

1. Los enfoques no binarios sobre el género responden a las limitaciones del enfoque clásico para proteger a las personas LGTBI+ de la discriminación y la violencia. Si lo masculino y lo femenino solo tienen legitimidad social, todo aquello que salga del binarismo, aquello que sea menos masculino o menos femenino tenderá a ser estigmatizado. Basta con apelar a la experiencia cotidiana para saber que es así. Ahora bien, si la motivación del enfoque no binario es revindicar la dignidad y derechos de las personas LGTBI eso significa que sus objetivos no son solo humanos, sino compatibles con el cristianismo cuya centralidad es el amor.

2. El enfoque no binario tiene una base científica. Esta consiste en constatar la diversidad biológica de los seres humanos. La cuestión clave aquí es identificar la presencia de determinantes biológicos de la identidad sexual. Para decir si alguien es hombre o mujer usualmente apelamos a una serie de elementos: los genes, los genitales, las hormonas, la anatomía, la atracción (orientación) sexual y el sexo autopercibido. Si bien la naturaleza tiende mayoritariamente al binarismo (por ejemplo, genéticamente los hombres suelen ser XY y las mujeres XX), lo cierto es que hay excepciones a la regla (así, genéticamente, hay individuos que nacen siendo XYY, XXYY, XXY, etc.). Lo mismo puede decirse de los otros determinantes. Por ejemplo, hay personas que genéticamente son XX y tienen genitales de hombre. Hay personas que tienen orientación sexual homosexual y hay personas que tienen un sexo autopercibido distinto del que poseen. El origen de estas “excepciones” al binarismo es científicamente desconocido. Lo que sí nos muestra la evidencia es que las personas no eligen caer en las excepciones. Este descubrimiento es clave porque lo que nos muestra la biología es que la “anormalidad” es solo una etiqueta. La biología nos muestra más bien una diversidad que va más allá del binarismo. Decir que lo que tenemos son “anomalías” o es “diversidad” ya no es una cuestión científica, sino un acto de interpretación respecto de los hechos biológicos. Por esta razón, muchos conservadores yerran al decir que los enfoques no binarios no tienen una base científica. En realidad, es todo lo contrario. La evidencia científica nos muestra que, tratándose de la identidad sexual de las personas, existen excepciones al binarismo, excepciones que se reflejan no en cientos o miles, sino en millones de personas. Si cristianos progresistas y conservadores reconocemos el valor de la ciencia, entonces la base científica de los enfoques no binarios es perfectamente compatible con el cristianismo.

3. El enfoque no binario sobre el género da un paso más allá. Puesto que busca proteger a las personas LGTBI+ y reconoce que la biología sale del binarismo en ciertos casos, entonces concluyen que es necesario dejar de interpretar la realidad binariamente. Hay dos desarrollo profundos aquí. El primero consiste en comprender por qué tendemos a interpretar la naturaleza binariamente (tendencia natural?, influencia de la modernidad?, ejercicio del biopoder?, falocentrismo inconsciente?, persistencia de los mitos religiosos?). El segundo consiste en romper con el binarismo e interpretar la identidad sexual de manera múltiple, aceptando que los determinantes biológicos de la identidad sexual ofrecen muchísimas combinaciones. Desde esta perspectiva, lo que usualmente llamamos “sexo”, esto es, esa categoría con la que dividimos a los seres humanos en dos, hombre o mujer, es solo eso, una categoría interpretativa y añadida por la cultura. El sexo es, en el fondo, género, por lo que podemos jubilar los términos “hombre” o “mujer” y apelar a una diversidad de identidades adicionales. Usualmente, muchos conservadores confunden esta interpretación con la idea de que las personas pueden ser homosexuales o heterosexuales, trans o trasvestidas si les da la gana. Esto es una mala interpretación. Los determinantes biológicos de la identidad sexual no pueden ser elegidos a voluntad. Lo que puede ser elegido, según la teoría no binaria, son solo las etiquetas que usamos para designar la identidad sexual de las personas.

Considerando lo expuesto, ¿debemos aceptar el enfoque no binario sobre el género como algo normativo? Deseo aquí presentar mi postura personal. Coincido con los enfoques no binarios sobre el género en sus objetivos y en sus bases científicas (1 y 2), pero me cuesta aceptar su interpretación de la realidad. Mi razón principal (hay otras razones de corte intelectual, pues la academia ha lanzado crítica a los enfoques no binarios, pero he preferido sincerarme aquí) la baso en el concepto -creado por mí para estos efectos- de “carga existencial”. Toda interpretación supone una carga existencial para el intérprete, esto es, un costo a la hora de encarnar y vivir con coherencia una interpretación de la realidad. Simplemente no tengo la capacidad de gestión moral, emocional, existencial ni intelectual para pensar y vivir mi vida en términos no binarios. Mis energías personales se desperdiciarían en ese intento. Ello, sin embargo, no me impide adoptar un sano eclecticismo: aceptando los objetivos 1 y 2 como importantes en la lucha contra la violencia hacia las personas LGTBI+. Por supuesto, estoy dispuesto a respetar a quienes eligen vivir coherentemente con los enfoques no binarios de la misma manera en que estoy dispuesto a respetar a alguien con una idelogía política, una religión o una moral distinta de la mía. Dentro de la fe cristiana, hay que decirlo, ya hay teologías no binarias y siempre me ha parecido valioso dialogar con ellas.

P.D.: Está de moda que algunos conservadores pregunten a personas progresistas “¿qué es una mujer?” con el fin de "demostrar" lo absurdo de las posturas no binaristas. En realidad, cuando se tienen en claro los enfoque sobre el género no es difícil hallar una respuesta clara. Desde el enfoque clásico una mujer es “una persona del sexo femenino”. Desde el enfoque no binario, una mujer sería “una persona cuyos determinantes de la identidad sexual se asocian culturalmente a lo femenino”. Que haya respuestas deficientes a la pregunta no desprestigia el enfoque del que se trate.


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El Eremita

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