va por su octavo presidente

¿PROGRESISMO O CONSTRUCCIÓN DEL ENEMIGO?

Publicado: 2026-03-29

Algo que no comparto de la lectura política que tienen muchos hermanos evangélicos míos es su animadversión hacia lo que ellos denominan "progresismo".

Nuestra discrepancia no puede ser mayor. Allí donde yo veo personas vulneradas y que se organizan a fin de obtener derechos para ser reconocidas como ciudadanos en condiciones de igualdad, ellos ven "lobbys que buscan la destrucción de la familia y de la fe cristiana".

Allí donde yo veo formas de ver el mundo distintas, muchas veces respaldas por la teoría y la evidencia, que exigen de nosotros escucha atenta y tolerancia, mis hermanos ven imposición, persecución e intenciones diabólicas contra las que deben luchar a toda costa.

Allí donde yo veo que el amor y la verdad cristiana debe discernir aquello que de justo y verdadero hay en los argumentos de los otros y aprender de ellos, otros utilizan el nombre de la verdad cristiana para excluir cualquier posibilidad de diálogo y aprendizaje mutuo, como si se tratase del mismo Satanás.

Yo solo puedo recordarles a estos hermanos míos algunas lecciones del pasado:

1) que la iglesia puede equivocarse en sus interpetaciones, como ya lo ha hecho antes a la hora de reconocer identidades humanas como la de los esclavos, las mujeres, las personas indígenas, etc;

2) que cuando se trata de política, la imposición de verdades religiosas desde las leyes solo genera más rechazo de la religión, acelera los procesos de secularización, y mayor opresión;

3) que debemos tener cuidado de hablar "en nombre del cristianismo", sabiendo que el cristianismo es también plural, de modo que arrogarte la verdad absoluta de una interpretación puede ser también un acto de soberbia si no contrastas tu postura con el que piensa distinto de ti;

4) que, en una democracia, nadie tiene el derecho de impedir con las leyes a que las personas vivan de acuerdo a la moralidad que quieran tener, a menos que se compruebe que esa moralidad hace daño público (violencia, desigualdad, discriminación, etc). ¿Te incomodaría que alguien saque una ley que obligue a leer el Corán en la escuela?, ¿Te incomodaría que alguien saque una ley diciendo que la enseñanza de la castidad es algo malo? Entonces no hagas tú lo mismo en el nombre del Dios de la Biblia.

5) y quizá lo más importante: cuando en política reduces el enemigo a solo dos cosas (la homosexualidad y el aborto) corres el riesgo de obviar al verdadero enemigo: la corrupción, la pobreza, la violencia, y, sobre todo, a quienes se benefician manteniéndolas. Querido hermano: los enemigos no son los que piden derechos. Ellos son a quienes nosotros deberíamos servir!! Los enemigos son los opresores, aquellos que justifican dictaduras, aman el dinero, cambian las leyes para beneficiarse a sí mismos, y mienten para permanecer en el poder.

Te invito a tener un cristianismo responsable, que no construye enemigos, sino que aprende a valorar la discrepancia en una democracia y que usa la persuación, el servicio y el amor, no la ley, para persuadir a otros de la verdad que trae consigo el evangelio.


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El Eremita

Blog sobre religión, para una reforma de lo religioso en contextos plurales y secularizados